un proyecto con
Valor local
Andalucía
en cada botella
Del olivo al mundo, Acesur ha construido una historia empresarial muy ligada a la tierra. Con marcas reconocidas, vocación internacional y presencia rural, la compañía ha crecido sin perder la mirada familiar que marcó su origen.
La historia de Acesur arranca mucho antes de convertirse en uno de los grandes nombres del aceite de oliva español. Sus raíces se remontan a 1840, a la antigua Aceites y Jabones Luca de Tena, una empresa que la familia Guillén integró décadas después en su propio proyecto. Nos lo cuenta Gonzalo Guillén, segunda generación y director general de la compañía: “En el año 1975, mi padre, dueño de Acesur, compra la empresa de Luca de Tena y la fusiona. A partir de ahí seguimos creciendo. Años después se adquirió La Española y, en 2002, Coosur”. Aquella evolución fue ampliando el tamaño de la compañía sin romper con una forma de hacer muy vinculada al territorio. “A pesar de nuestra expansión, seguimos funcionando con los valores de una empresa familiar: la austeridad, el compromiso, la visión a largo plazo y nuestro profundo arraigo a la tierra”. Hoy, de sus nueve fábricas, seis están ubicadas en Andalucía, dos en Castilla-La Mancha y una en Estados Unidos.
Un socio de confianza
La compañía combina el peso de sus marcas con una presencia exterior cada vez mayor. Está en más de 120 países y ha abierto oficinas y filiales en Reino Unido, China, Brasil y Estados Unidos, donde también cuenta con una planta. Ese crecimiento exige músculo financiero, conocimiento del sector y capacidad para acompañar un negocio que vive entre la tradición agrícola y la innovación industrial. En ese camino, Banco Santander se ha convertido en un aliado relevante. “Siempre nos han acompañado. Cada vez entienden mejor este mundo, tan innovador y tradicional a la vez”. Para Gonzalo, esa cercanía no se limita a la empresa, sino que alcanza también al tejido que la rodea. “Es un banco muy vinculado al territorio, y no solo ayuda a nuestras empresas, sino también a nuestros agricultores”. La implantación de Acesur en zonas rurales es una de las claves de su impacto económico y social. Sus plantas no solo producen, también ayudan a sostener actividad en municipios donde la industria marca la diferencia. “Todos nos sentimos orgullosos de hacer crecer la economía de nuestra región. Además, nuestras plantas están principalmente en zonas rurales y para nosotros es muy importante participar en dotarlas de industria”.
Un aceite
Que fija población
Esa presencia tiene un efecto directo sobre el territorio: crea empleo, sostiene la actividad, fija población en el territorio, y contribuye a que la vida no se concentre solo en las grandes ciudades. “Hay que regenerar vida. En algunos pueblos, como en Vilches o Jabalquinto, somos la industria de referencia. Es un valor tremendo que aportamos al territorio”. Ese arraigo se ha reforzado con una estrategia de integración vertical que permite controlar cada vez más fases del proceso. La compañía empezó como comercializadora, después fue envasadora, refinadora, almazarera y, más tarde, agricultora. “De esta forma podemos controlar del olivo a la botella. Hemos invertido mucho en todo el territorio generando valor. Es una apuesta total por Andalucía. De hecho, reinvertimos prácticamente todo el beneficio que generamos”. El objetivo de esta integración hacia el olivar es reducir la dependencia de los mercados, cada vez más volátiles, haciendo que una parte creciente de sus necesidades de aceite proceda de sus propias almazaras, con el objetivo de que esta parte alcance el 25 por ciento.
El crecimiento también se mide en empleo, talento y capacidad para adaptarse a un sector cada vez más técnico. Acesur cuenta con 1.000 empleos directos y genera otros 4.000 indirectos. “En poco más de veinte años nos hemos multiplicado por diez, tanto en facturación como en empleo. De 120 millones de facturación en el año 2002 ahora superamos los 1.200.” Ese salto obliga a cuidar la plantilla y a incorporar perfiles especializados. “Cada vez necesitamos gente más cualificada porque todos los procesos se están tecnificando. Nos hacen falta más ingenieros, doctores en Biología, en Química, etc.”.
La sostenibilidad es otro de sus pilares. “La idea es que de aquí a 2028, la huella de carbono de nuestras plantas se reduzca en un 85 por ciento. Para 2030 queremos tener emisiones cero”. Además, la compañía gestiona en sus almazaras los residuos de la aceituna y los transforma en biomasa.
Más de 120 países
Son los mercados en los que está presente Acesur, una compañía que ha pasado de 500 millones de facturación hace menos de una década a superar los 1.200.
El aceite de oliva es mucho más que un producto para Andalucía. A su alrededor se articulan empleo, campo, industria, exportación y una cultura compartida, con más de 300.000 familias vinculadas al sector. Desde esa base, Acesur ha logrado crecer hacia fuera sin perder el vínculo con su tierra. Su historia habla de marcas, fábricas y mercados internacionales, pero también de pueblos, agricultores y familias. Una manera de avanzar con ambición global, pero con raíces.
Así empezó
todo
Un proyecto con
Cada pyme tiene una historia única. Muchas nacen en una cocina, un taller o un pequeño local de barrio, impulsadas por la pasión y el esfuerzo de una familia. Con el tiempo, algunas de esas ideas trascienden fronteras y se convierten en marcas reconocidas, llevando su esencia a nuevos mercados sin perder sus raíces. Crecer, adaptarse y llegar más lejos es posible cuando hay visión, compromiso y el apoyo adecuado. Porque internacionalizar no es solo expandirse: es compartir una cultura, una identidad y un legado con el mundo.
CREDITOS
Content strategy:
Aurora Yañez
Project Manager:
Pablo Aceña Martinez
Brand strategy:
Jorge Guillén García
Dirección de Arte Diseño UI:
Alessandro Marra
Desarollo:
César Iriso
Gonzalo Cachon
Andalucía en cada botella
Del olivo al mundo, Acesur ha construido una historia empresarial muy ligada a la tierra. Con marcas reconocidas, vocación internacional y presencia rural, la compañía ha crecido sin perder la mirada familiar que marcó su origen.