De Convento del siglo XVII a alojamiento de las grandes figuras del teatro español
Este enorme hotel esconde interiores cuidados, patios tranquilos y noches que reviven el Siglo de Oro
Aunque jamás hayamos pisado un escenario, la vida está hecha de incontables elementos dramáticos. En la tradición literaria hispánica, Calderón de la Barca nos hablaba en su obra ‘El gran teatro del mundo’ de lo que se conoce como ‘theatrum mundi’, es decir, el mundo como teatro. Y es que demasiadas veces hemos podido sentirnos actores en situaciones tan cotidianas como una entrevista de trabajo o al conocer a alguien. No podemos desligar la vida de Talía y Melpómene, la musa de la comedia y la de la tragedia, respectivamente. Si estas musas que recorren las artes escénicas desde hace más de 2.000 años se han posado en España lo han hecho, sin lugar a dudas, en la localidad manchega de Almagro.
Allí, donde el teatro clásico se mantiene vivo, encontramos un conjunto patrimonial sorprendente. En concreto, hay un enorme convento del siglo XVII que atraviesa la historia; es el Parador de Almagro. El antiguo convento franciscano de Santa Catalina es un prodigio de la arquitectura renacentista de la escuela de Toledo.
Miguel Castro, el director del Parador de Almagro, es un enamorado de este lugar que cuenta con “14 patios interiores de los cuales ocho están abiertos al público, unos 13.000 metros cuadrados de superficie y una decoración única que cuida de cada detalle”. “Se puede decir que con el Parador Almagro ha encontrado un compañero perfecto para su vocación escénica”, cuenta Miguel. Pero hay que remontarse un poco atrás en el tiempo para comprender qué significan estas paredes.
“El Parador está lleno de detalles, pues no hay rincón del hotel que no merezca la pena descubrir”
Originalmente, el convento fue una donación que hizo Jerónimo Dávila de la Cueva en 1603 como promesa a su esposa, Catalina de Sanabria. De ahí su nombre. El convento de Santa Catalina se construyó fuera del recinto amurallado, en un momento en el que la ciudad disfrutaba de una situación de considerable prosperidad. Además, Almagro había sido la sede de la Orden de Calatrava desde el año 1212, una de las principales órdenes militares religiosas de España que gozaba de enorme prestigio. Cabe decir que el emperador Carlos V fue maestre de la orden. Durante el siglo XVI, aumentó el número de comerciantes, ganaderos y banqueros, lo que produjo el desarrollo de una arquitectura que forma parte del mejor patrimonio nacional.
El edificio donde se encuentra el Parador de Almagro es un equilibrio de estilo renacentista y barroco. Cuando uno cruza su puerta descubre una atmósfera única, tranquila y atemporal; como de otro mundo. ¿Por qué? Se debe a su estilo. Tanto el claustro original como las galerías con arcos de medio punto, las vigas azules que recorren los techos, los azulejos de traza mudéjar y los detalles platerescos lo convierten en un espacio en el que perderse mirando a cada rincón. Miguel explica que “el Parador está lleno de detalles, pues no hay rincón del hotel que no merezca la pena descubrir”. Además, se conserva el refectorio y las bodegas, donde se sirve un menú de cocido manchego. “En cada viga puedes ver dibujos de animales o frutas, cada habitación tiene su número pintado de forma única. Hasta la esquina más insospechada cuenta con un detalle artístico precioso”, comenta Miguel. Y nosotros podemos decir que no es ninguna hipérbole, porque hasta los colores que atraviesan pasillos y habitaciones son exquisitos. Los dibujos incluyen animales, motivos vegetales o querubines que señalan el número de nuestra habitación.
Otro de los encantos de este Parador son los patios, donde el aroma de los árboles, el sonido de los pájaros y de las fuentes producen el efecto perfecto para quien disfrute del sosiego, con un libro, sus pensamientos o un café. El Patio del Agua es el escenario perfecto para desayunar o cenar al aire libre gracias a su calma y a sus fuentes. “Poder cenar en el patio es la experiencia máxima”, asegura Miguel Castro, y añade: “Y al acabar de cenar, lo más recomendable es hacer una visita guiada y teatralizada por el Parador, para ver este lugar de otra forma, con una mirada distinta”. Estas visitas, que se realizan por la noche, cuentan con dos actores que se han convertido en una de las actividades más solicitadas. Durante una hora, los visitantes recorren las estancias y los rincones más emblemáticos del Parador de Almagro de la mano de dos personajes, un fraile y una monja, que se han quedado atrapados en el siglo XVII y guían a los huéspedes del siglo XXI con humor y emoción. Los llevan de la mano y narran la historia del convento hasta nuestros días.
Las recomendaciones de los que más saben...
CAMARERO
José Vicente Verano
Trabajador en el parador de Almagro
RECEPCIONISTA
Domingo González
Trabajador en el parador de Almagro
CAMARERA DE PISOS
Toñi Vargas
Trabajadora en el parador de Almagro
En la temporada estival, a la calma de los patios hay que sumar la piscina, instalada en la que fue la antigua alberca del convento. “Poder darse ese baño bien merecido también es muy especial”, afirma Miguel.
Almagro y el teatro son inseparables. El Festival Internacional de Teatro Clásico reúne, en el mes de julio, a actores, directores y amantes de las artes escénicas. Esta referencia del teatro del Siglo de Oro tampoco se entiende sin el Parador, ya que se convierte en la sede de prensa del evento y en un espacio gastronómico que prepara un menú especial de teatro. Tal es su relevancia que allí se han alojado grandes figuras como Blanca Portillo, Javier Gutiérrez, Carmen Machi o Rafael Álvarez ‘El brujo’, entre otros.
El punto de encuentro del teatro clásico
En la Plaza Mayor de Almagro, a unos cinco minutos caminando desde el Parador, el visitante encontrará una joya única en el mundo: el Corral de Comedias. Construido en 1628, es el único teatro del siglo XVII que se conserva íntegramente. La madera sostiene la galería donde hace casi 400 años, se sentaban damas y caballeros. Hay que tener en cuenta que en la época el teatro era un gran entretenimiento y los aplausos o los abucheos decidían el éxito o el fracaso de una comedia. Los aposentos privados, a uno y otro lado, cuentan con celosías, de manera que las familias nobles podían ver sin ser vistas. Mantenían su anonimato también gracias a los accesos independientes.
Un siglo más tarde, en el XVIII, con la prohibición de los corrales el edificio se convirtió en el Mesón de la Fruta y, más tarde, en la Posada de las Comedias. Su descubrimiento fue una serendipia, pues en 1950, el dueño de la posada encontró una baraja de cartas pintadas a mano que databan de la época y se la hizo llegar al alcalde, que intuyó que allí podría haber existido un corral de comedias. En efecto, las excavaciones demostraron que así era y, para mayor sorpresa, estaba intacto. En 1955 se declaró Monumento Nacional. Este descubrimiento fue el origen del famoso festival, que comenzó en 1978. De esta fiesta cultural también forman parte el Hospital de San Juan (hoy convertido en un teatro), la antigua universidad renacentista, varios palacios y, por supuesto, como ya saben, el Parador. En este punto hay que hacer una mención particular, porque en 1994 se instaló en la localidad el Museo Nacional de Teatro.
Para los viajeros intempestivos hay una gran noticia: el Corral mantiene su actividad durante todo el año con representaciones los fines de semana. O sea, visitar el corral y asistir a una función es casi una obligación. Se trata de una experiencia que nos lleva al Siglo de Oro y nos permite entender por qué la villa de Almagro es la capital del teatro clásico.
Del volcán al vino: el Campo de Calatrava
Ya que el mejor maridaje para la cultura es la naturaleza, quien pase al menos una noche en el Parador de Almagro no debería perderse los pueblos que engloba la comarca del Campo de Calatrava. Consta de 16 municipios de la provincia de Ciudad Real, a unos 20 minutos en coche. A lo largo de esta zona veremos suaves colinas cubiertas de olivares y viñedos. Más allá del agradable paisaje lo que hace de esta zona un lugar único es su suelo. Se podría decir que esconde un secreto geológico: es la zona de vulcanismo más importante de la Península Ibérica. Cuenta con más de un centenar de relieves (llamados edificios) de origen volcánico. A pesar de que los volcanes lleven inactivos miles de años, este fenómeno geológico produce una concentración mineral que aporta a los productos agrícolas de la zona una singularidad prácticamente imposible de replicar.
Fue tan solo hace dos años, en 2024, cuando la Unión Europea reconoció la Denominación de Origen Protegida Campo de Calatrava para los vinos de esta comarca. Esta distinción al fin reconoce el valor de un terroir de donde surgen unos vinos minerales, frescos, aromáticos y de buena estructura.
No obstante, el Campo de Calatrava trasciende la viticultura. Cuenta a su vez con una denominación propia relativa al aceite de oliva virgen extra, la DOP Aceite Campo de Calatrava. No habrá gourmet que no disfrute de sus vinos, sus aceites o de la famosa berenjena de Almagro, un producto típico que se elabora desde hace siglos. En la actualidad, esta zona se ha convertido en un destino para aquellos que buscan redescubrir un lugar que combina una herencia milenaria, una singularidad geológica y las propuestas más modernas que aprovechan legado, naturaleza e iniciativa.
Hoy comemos…
Al frente de la cocina del Parador de Almagro está José Alfonso Merlo, un segoviano que se siente profundamente manchego. De alguna manera, la mayor parte de su familia se ha dedicado a la restauración, “y de ahí viene la vocación”. Desde hace casi 16 años es el jefe de cocina de este Parador y persigue “la tradición y el sabor”. “Para mí, es un trabajo físico, mental e intelectual”, comenta. Explica que “hay mucha historia por detrás de la gastronomía y, por delante, mucho futuro”. “La historia es un ingrediente más de la cocina”, añade. Su concepción de la cocina recorre el pasado y el futuro, por eso sostiene que un buen cocinero debe conocer la historia de las recetas y de los ingredientes. Como en todos los grandes cocineros hay un aspecto de obsesión para conseguir el mejor resultado, pues nos confiesa: “No tengo un plato favorito porque siempre queremos mejorar cada plato y pensar en nuevas propuestas”. “El mejor plato de un cocinero tiene que ser el siguiente”, concluye.
En cuanto a la carta que se topará el huésped es “tradicional y precisa”. Se basa en tres pilares: la cocina manchega típica, el producto local y platos que estén vinculados con el Siglo de Oro. La mejor manera de descubrirla es a través del ‘entretenimiento’. El lector podrá preguntarse de qué se trata, y el mejor en explicarlo es José Alfonso: “El entretenimiento es un plato que ofrece una muestra completa de la cocina manchega y consta de migas, asadillo, berenjena de Almagro, gachas manchegas y quesos locales”. Dicho de otro modo, lo tiene todo.
En cuanto a los platos principales, las chuletitas de cordero son ligeras y de extrema delicadeza, una delicia. Están marcadas a la parrilla con sal y aceite, y su sencillez expresa un mundo de sabor. Por su parte, el bacalao forma parte del recetario local. En este caso, “le damos un toque más actual pero sin tocar verdaderamente la idea del plato”. Es reconocible pero audaz. En este punto tienen que reaparecer las gachas. Si no hemos probado el entretenimiento, hay que descubrir este plato de subsistencia reconvertido en manjar. Panceta de cerdo, chorizo, harina de almorta y pimentón. José Alfonso comenta que es una receta que “ha servido de soporte a las zonas humildes de España”. También explica que “son recetarios con pocos ingredientes y es ahí donde radica el desafío”.
Para concluir, la nota dulce la encontraremos en las natillas con flor de Calatrava. Huevo, leche y azúcar mezclados para llevarnos a un postre que sabe a infancia.


Santiago Molina




















