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Sostenibilidad - Buena Energía

La cara humana de las fundaciones corporativas

Dani Méndez

18 Diciembre, 2025 - 08:50

Energía para el territorio

Las fundaciones corporativas mueven miles de millones, sostienen empleo y llegan donde el Estado no siempre alcanza, pero siguen peleando por una mayor proyección pública. Dos informes recientes y el caso de Fundación Endesa ayudan a entender qué aportan y por qué su reconocimiento social va por detrás de su impacto.

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Si las fundaciones corporativas desaparecieran mañana, el sector social y sus beneficiarios se encontrarían ante un vacío muy relevante» y con serias consecuencias, resume Marta Colomina, directora general de la Fundación PwC. Al fin y al cabo, los datos demuestran que el sector fundacional en España es un actor claveclave en el tejido social y económico del país. Con más de 10.500 fundaciones activas, (sumadas las que tienen una corporación como matriz fundacional y las que no) este ámbito genera cerca de 600.000 empleos directos e indirectos, lo que demuestra su relevancia estructural. Y es que, tal y como destaca Pilar García Ceballos-Zúñiga, presidenta de la Asociación Española de Fundaciones (AEF), "las fundaciones son piezas esenciales del bienestar colectivo, no actores marginales".

Estas entidades, que abarcan ámbitos asistenciales, culturales, educativos, científicos y ambientales, tienen una fuerte presencia en todo el territorio nacional. Su labor es imprescindible para cubrir áreas que, en muchas ocasiones, las administraciones públicas no alcanzan a abordar de manera tan eficiente o ágil. Y han demostrado una notable resiliencia, con presupuestos que han resistido incluso en los años de crisis y una vida media que supera los quince años.

Las fundaciones complementan el trabajo del Estado y otras instituciones públicas en áreas de alta demanda social, como la inclusión, el empleo, la educación y la salud. Pilar García Ceballos-Zúñiga subraya que, gracias a su cercanía con el territorio y su capacidad de adaptación, las fundaciones llegan a millones de personas que se benefician de sus programas. "Actúan como cauces de participación social, movilizando recursos, conocimiento y especialización allí donde las administraciones no siempre llegan", explica la presidenta de la AEF. Con esta capacidad de actuar de manera flexible, las fundaciones ayudan a atender necesidades emergentes y, en muchos casos, se convierten en la primera línea de respuesta ante crisis sociales o ambientales, como se vio en el caso de las alianzas tras la DANA.

Pese a ese esfuerzo sostenido, el sector y más en concreto el de las fundaciones corporativas, aún trata de cerrar la brecha entre su impacto real y su reconocimiento social. Una paradoja que también recoge el informe La Reputación de las Fundaciones Corporativas, que la consultora Villafañe presentó su segunda edición a principios de diciembre: los directivos del mundo empresarial y los expertos puntúan bien al sector, en torno al notable, mientras que la población general se queda en un aprobado justo y muestra una mezcla de bajo reconocimiento, escepticismo y demanda de más información. ¿Por qué? ¿Qué falla?

La brecha entre realidad y reconocimiento

La respuesta, coinciden los informes y las cuatro entrevistadas para este reportaje, tiene menos que ver con malas prácticas y más con falta de información. «La reputación, si la explicáramos en pocas palabras, es la suma de realidad y reconocimiento», resume Lissette Horta, directora de consultoría en Villafañe. «En el ámbito de las fundaciones corporativas hay una realidad muy potente, pero ese reconocimiento no está llegando. Una gran parte de la sociedad ni siquiera es consciente de que es beneficiaria de las propias acciones de las fundaciones corporativas». Esa brecha se ensancha cuando los proyectos se canalizan a través de aliados y el sello visible ya no es el de la fundación de la empresa, sino el de la ONG o la entidad local con la que trabaja hombro con hombro.

Aquí surge el primer interrogante: ¿qué es exactamente una fundación corporativa? Marta Colomina lo explica así: «una fundación cuyo fundador es una empresa. Nace del deseo de la compañía de crear una entidad que, como todas, tiene una finalidad no lucrativa». En la inmensa mayoría de los casos comparte nombre con la empresa matriz, pero funciona con las mismas reglas que cualquier otra fundación: misión de interés general, patrimonio afecto a esa misión y vocación de permanencia. «Si lo que quieres es hacer algo puntual, no montas una fundación», zanja.

Esa identidad compartida genera un juego delicado. La fundación arrastra parte de la reputación de la empresa y la empresa hereda también la de la fundación. «Hay una transferencia en doble dirección: lo que pasa en una impacta en la otra, muchas veces porque comparten el mismo nombre», apunta Horta. De ahí la insistencia, en los informes y en las entrevistas, en una idea que se repite como un mantra: independencia jurídica y de gobierno respecto a la compañía. Consejos o patronatos con miembros externos, códigos éticos propios, planes estratégicos específicos, auditorías y, cada vez más, acreditaciones externas en transparencia y buenas prácticas.

Gráfica evolución etapas

Las fundaciones en la conversación pública

En paralelo, sobreviven dos recelos en la conversación pública: que estas fundaciones sirven para pagar menos impuestos y para lavar la imagen de empresas con mala prensa. Colomina desmonta la primera con una cuenta sencilla: «Si yo tengo cien euros y me los quedo como beneficios, pago impuesto de sociedades y me quedan setenta y cinco. Si esos cien euros los destino a la fundación, los cien los he perdido. No hay ninguna desgravación que compense frente a no hacerlo». Las ventajas fiscales del mecenazgo en España recuerdan los informes de PwC, son modestas si se comparan con otros países europeos. Y, en cualquier caso, no cambian el hecho de que el dinero sale del balance de la empresa para dedicarse a una actividad sin ánimo de lucro.

Sobre la segunda sospecha, la del lavado reputacional, las tres entrevistadas coinciden en que una fundación no compensa un problema grave en la empresa matriz. «Si tú haces algo mal, la reputación se hunde y, por mucho que lo hagas fenomenal con la fundación, no va a mejorar», señala Colomina. Horta lo formula en términos de riesgo: una crisis corporativa arrastra la confianza en la fundación, pero el trabajo social de la fundación no borra una crisis empresarial. En ese contexto, la recomendación de Villafañe es clara: más transparencia, más rendición de cuentas y una comunicación muy nítida sobre el origen y el destino del dinero.

Ahí entra el caso de Fundación Endesa, que María Malaxechevarría, su directora general, define como «la cara más humana de la transición energética». Su papel no es instalar megavatios, sino acompañar el lado social de esa transformación a través de cuatro grandes ejes: educación y conocimiento, empleo y emprendimiento verde, biodiversidad y cultura. «La transición va a destruir puestos de trabajo, pero va a generar muchísimos empleos nuevos. Nos parecía muy relevante estar ahí presentes para que esas oportunidades estén accesibles a todas las personas, sean vulnerables o no vulnerables», explica. El reto, como en el resto del sector, es que el reconocimiento llegue de verdad a la ciudadanía.

Fundación Endesa lleva más de un cuarto de siglo de labor social y ha invertido más de 100 millones de euros en proyectos de Educación, Empleo y Emprendimiento verde, Cultura y Biodiversidad: ha formado cerca de 50.000 personas en situación de vulnerabilidad frente al empleo, ha impulsado programas educativos que han llegado a unos 450.000 alumnos y docentes, ha acercado la cultura a más de 50.000 personas y ha iluminado más de 700 monumentos en toda España

Gráfica evolución etapas

Lo que de verdad aportan

No se trata sólo de explicar quién pone el dinero y bajo qué reglas. Falta algo más básico: que la gente sepa que estas fundaciones existen y para qué sirven. El informe de Villafañe lo formula con cierta crudeza: la mitad de la población no recuerda haber visto información reciente sobre fundaciones corporativas y, entre quienes sí las conocen, muchos siguen asociándolas antes a ventajas fiscales que a impacto social. Lissette Horta lo ve como un problema de enfoque comunicativo: «No tanto decir lo que hago, sino lo que estoy cambiando y por qué lo estoy cambiando».

La realidad, subrayan los informes de PwC, es que las fundaciones corporativas aportan no solo recursos económicos sino capacidades: conocimiento técnico, cultura de gestión por objetivos, redes de voluntariado corporativo. «Si yo utilizo el conocimiento de la empresa para ponerlo al servicio del sector social, tengo mucho más impacto que dando solo una donación», argumenta Colomina. El reconocimiento, en cambio, tiene un recorrido más complejo. «En cuanto se conoce la labor de las fundaciones esa nota empieza a aumentar», explica Horta. El estudio muestra que quienes han tenido algún contacto real con estos proyectos —como beneficiarios, voluntarios o profesionales del tercer sector— valoran su trabajo bastante por encima del aprobado raspado de la media.

Las fundaciones corporativas destacan por su capacidad para integrar estrategias empresariales y sociales. La AEF afirma que las fundaciones corporativas "aportan innovación, profesionalización y escala", permitiendo que las iniciativas sociales sean más eficaces y sostenibles. Pilar García Ceballos-Zúñiga recalca que estas fundaciones, al estar vinculadas a empresas, cuentan con una ventaja adicional: "Integran conocimiento técnico, cultura de gestión por objetivos y redes de colaboración, lo que les permite tener un impacto mucho mayor que el de una simple donación". Este enfoque permite que las fundaciones corporativas no solo den dinero, sino que también apliquen sus recursos y habilidades para transformar realidades sociales.

Fondo tarjetas

cifras generales

+589Kempleos

Generación de empleo

El sector fundacional y el Tercer Sector son actores estratégicos al generar cerca de 600.000 empleos. Además, movilizan a más de un millón de voluntarios en sus actividades.

+1.000Meuros

Inversión Anual Corporativa

Las fundaciones corporativas aportan más de 1.000 millones de euros en inversión al año, lo que subraya su capacidad para movilizar recursos y conocimientos técnicos gracias a su conexión con el tejido empresaria.

40Mpersonas

Alcance Social Anual

Las fundaciones españolas tienen una gran capilaridad y cercanía al territorio, atendiendo a 40 millones de personas cada año, complementando así la labor del Estado.

Medir para contar

En el caso de Fundación Endesa, esa distancia se intenta recortar trabajando en alianza con entidades que ya están pegadas al territorio. «No es solo cuestión de dar formación a las personas que se acercan a nuestras iniciativas. Por ejemplo: acompañarles en las entrevistas de trabajo, enseñarles a hacer un currículo, hacer un seguimiento a los tres, seis, nueve, doce meses», cuenta Malaxechevarría al hablar de los programas de empleabilidad. Ese acompañamiento no lo hace sola la fundación: ahí entran Cáritas, Fundación Integra, Fundación Máshumano, Fundación Konecta y otras organizaciones que conocen de primera mano las barreras que afrontan los colectivos vulnerables.

Todo esto conduce a una palabra que aparece una y otra vez en las entrevistas y en los informes: medición. ¿Cómo se mide realmente el impacto de una fundación corporativa? ¿Por número de beneficiarios, por proyectos financiados, por horas de voluntariado, por cambios en la vida de la gente? «La medición del impacto social es un gran reto desde el punto de vista de todas las fundaciones», admite Malaxechevarría. Hoy, casi todo se traduce a una cifra sintética de personas beneficiarias, pero no es lo mismo formar a alguien que luego no encuentra trabajo que acompañar una inserción laboral estable. Por eso insiste en que los programas de empleo solo se dan por exitosos cuando esa formación se transforma en puestos de trabajo reales y contratos que se mantienen en el tiempo.

Horta lo llama, sin rodeos, “el Santo Grial” del sector. Las fundaciones corporativas llevan años hablando de impacto, pero todavía cuesta aterrizar ese concepto en indicadores comparables y verificables. Los informes de PwC avanzan en esa dirección al proponer metodologías de evaluación y recordar que el valor de estas entidades no se mide solo en euros presupuestados, sino en capital humano, alianzas, innovación social y confianza generada. Aun así, la conclusión es prudente: queda camino por recorrer para que el relato de impacto tenga detrás una base de datos sólida y compartida.

Fondo tarjetas

Datos de Impacto de Fundación Endesa

+100Meuros

Inversión Total Histórica

Es el monto total que la Fundación Endesa ha destinado a lo largo de sus 25 años de existencia para el desarrollo y progreso social.

+700monumentos

Patrimonio Histórico Iluminado

En su pilar de Cultura, la Fundación ha iluminado más de 700 monumentos del patrimonio histórico-artístico en toda su historia, utilizando proyectos de iluminación eficiente y sostenible.

+300K

Impacto Educativo

Es la cantidad de alumnos y docentes alcanzados por sus programas educativos en la última década, fomentando las vocaciones STEM y el emprendimiento tecnológico...

Cinco valores reputacionales

Sobre esa base se apoyan los cinco valores reputacionales que Villafañe considera centrales: transparencia, buen gobierno, impacto, visibilidad e innovación. El primero manda. No solo como lema, sino como práctica: cuentas, planes y memorias accesibles y entendibles para cualquiera. «La sociedad necesita que nos expliquen el origen del dinero», resume Lissette Horta, que propone algo sencillo: publicar de forma clara lo que ya existe y hacerlo visible, no escondido en un rincón de la web.

En ese terreno, las grandes fundaciones de empresa han ido subiendo el listón. María Malaxechevarría recuerda que Fundación Endesa hace público cada año su plan de actuación, la memoria de actividades y las cuentas auditadas, y que ha buscado acreditaciones externas de transparencia y buenas prácticas. «Nos parecía relevante que terceros externos nos dieran esas acreditaciones», explica. Se trata de poder decir a la ciudadanía: esto recibimos, en esto lo invertimos y estos son los resultados.

La gobernanza y el foco completan el retrato de la fundación “ideal”. Patronatos con miembros externos, códigos éticos y planes de tolerancia cero a la corrupción, separación clara entre la empresa y la fundación, y una misión acotada. «Hay tantas cosas buenas que hacer que es fácil despistarse», admite Marta Colomina. La recomendación común es concentrarse en pocos ejes donde se pueda aportar valor real, en lugar de dispersarse en decenas de causas.

En el caso de Fundación Endesa, esos ejes son cinco: educación y conocimiento, empleo y emprendimiento verde, biodiversidad, cultura y voluntariado corporativo. Bajo el paraguas de la educación caben programas escolares sobre el uso responsable de la energía y la sostenibilidad, proyectos de refuerzo educativo o iniciativas para acercar las competencias STEM a las nuevas generaciones. En empleo, el foco está en la “empleabilidad verde”: formar a personas en oficios ligados a la transición energética y acompañarlas en todo lo posible, hasta, idealmente, el contrato. La biodiversidad conecta directamente el impulso de los entornos y los territorios, desde la conservación de especies emblemáticas hasta la recuperación de espacios naturales. Y la cultura se traduce, sobre todo, en iluminación eficiente de patrimonio, derecho de acceso a la cultura y en proyectos de memoria histórica ligados a la evolución del sistema eléctrico y al progreso social.

La innovación, la última de las cinco palancas reputacionales, atraviesa todos esos ámbitos de forma transversal. No se trata solo de usar inteligencia artificial para gestionar datos o mejorar procesos internos, aunque ese uso ya empieza a aparecer en las encuestas. También se trata de innovar socialmente: probar fórmulas nuevas de colaboración con ONG, diseñar itinerarios formativos más flexibles, explorar vías distintas de implicar a los empleados o de llegar a los jóvenes, un público al que, como recuerda Colomina, le cuesta vincularse con organizaciones que percibe como demasiado institucionales.

Aquí las fundaciones corporativas también tienen algo que aportar. Más de la mitad gestionan actividades de voluntariado, involucrando a empleados de las empresas en proyectos de interés social. Pilar García Ceballos-Zúñiga lo destaca: "El voluntariado corporativo es una de las fuerzas que dinamiza el trabajo de las fundaciones, uniendo los esfuerzos de las empresas con las necesidades de la sociedad". Además, la colaboración entre fundaciones, administraciones y otras entidades sociales ha demostrado ser fundamental para maximizar los resultados. "Las fundaciones colaboran entre sí, multiplicando los recursos y los esfuerzos, para generar soluciones más eficientes y llegar más lejos", añade García Ceballos-Zúñiga.

Al final, el retrato que dibujan los informes y las entrevistas es el de un sector que maneja muchos recursos, que ha profesionalizado su gestión y que ha elevado sus estándares de transparencia, pero que aún se enfrenta a un desafío central: ganarse la confianza de una sociedad que apenas sabe lo que hace en su nombre. De esa confianza dependerá que las fundaciones corporativas puedan seguir siendo, como aspira la AEF, un puente entre empresa, administraciones y tercer sector en tiempos de polarización.

La cara humana de las fundaciones corporativas

Las fundaciones corporativas mueven miles de millones, sostienen empleo y llegan donde el Estado no siempre alcanza, pero siguen siendo grandes desconocidas. Dos informes recientes y el caso de Fundación Endesa ayudan a entender qué aportan y por qué su reputación va por detrás de su impacto.